domingo, 2 de agosto de 2009

Saco cheio (las pelotas por el piso)

Hace ya un tiempo que tengo una especie de idea metida en la cabeza, que seguro es producto de una extraña mezcla de sensaciones. El peso de los errores, los intentos siempre perdidos de controlar la ansiedad, la preocupación y lo que por momentos siento como una ruptura del timón, son sin dudas los orígenes que creo me “inspiran”.

El peso de la adultez sobre mis hombros me demuestra que ese concepto está sobrevalorado, o por lo menos me gusta creerme esto. Mi cabecita “peterpanesca” sigue cada día más instalada y hay cosas que siempre serán imposibles de entender a PTN. Ese camino marcado casi que a fuego del sueño americano, con el labrador jugando en el jardín, la imagen del profesional modelo con su gordinflón curriculum es un tanto más inestable y trucho de lo que a priori unos cuantos de nosotros nos imaginaríamos, o por lo menos yo, me imaginaba.

Seguramente la locura en la que me muevo actualmente es la que me lleva a pensar que muchas veces las cosas no son tan importantes como parecen y al mismo tiempo hay otras que parecen banales y superfluas que son justamente lo opuesto. El ambiente académico es lo más parecido a un remate de dos litros de agua Salus en el Atacama. Una demente demencia, mezcla de egoísmo, individualismo y una extraña carrera por alcanzar “objetivos políticamente correctos”.

Igualmente, vale la pena aclarar que por fuera de todo esto parece estar la gente que me rodea, la cual es casi que inmune a tanta bosta. A pesar de esto, imagino que tristemente es probable que el entorno “salvaje” lleve a que alguno o alguna termine cayendo en ese deplorable ambiente de forma casi que “natural”, arrastrando como un paparulo mejillón en la corriente de la paspadura mental.

No es siempre fácil reconocer como esa mochila de la adultez pesa sobre mi espalda, colaborando a diario con otro de los flagelos de este mundo, las generalidades. Ambas laburan juntitas de una forma casi que perfecta, se amalgaman para erosionar mi cabeza, para pudrir lo que viene quedando. El razonamiento es el siguiente: las generalidades te hacen entrar en ese camino “correcto” alentado por la adultez que viene tocando bocina como loca. Después que se instalaron, una alimenta a la otra casi que de forma eterna. El círculo vicioso está más que cerrado y no hay demasiado para hacer. Quizás no demasiado para mi ultrajado espíritu.

Por ahora vengo pensando en reconocer esto quizás como mecanismo de defensa. Reconozco que no es muy buena, pero es lo que hay. Estaba pensando en fundar el MEG, Movimiento de Erradicación de las Generalidades, pero me da mucho trabajo y hay que ser un adulto consumado para hacer esas cosas…

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