
Como dicen los brasucas, cada día me siento más “fora da casinha”, algo así como con los patitos cada día más desalineados. Algún estudiante de sicología que quiera materia para su pesquisa de tesis no tiene más que llamarme. Igual, para adelantarle camino, yo ya me auto-diagnostiqué como pragmático-inconforme-cobarde.
¿Será común de casi todos replantearse cada tanto casi todo?, ¿será lógico rumbear la vida con una decisión a los 17 o 18 años?, ¿qué hacer para cambiar sin perder el tren?, la mierda…
Sin caer en el idealismo egoísta (pero justamente haciéndolo) me replanteo mi propia vida diaria. Miro al espejo y no siempre encuentro lo que quiero para mí. Peeeero, ¿cuál es la solución?, ¿comer el garrón por lo que puede venir?, o simplemente decidir lo que parece satisfactorio a pesar de no parecer lo ideal. ACEPTO SUGESTIONES.
Imagino recurrente entre varios ese deseo de llenar la mochila de nada y salir a buscar la “vida”…sin embargo, me preocupa que eso me pase ahora y que más aún, me lleve casi a la frustración del “sin rumbo”.
El timón tambalea y a pesar de saber que en algún momento se va a “fijar”, la turbulencia ta salada. Me surge también la pregunta de si será una cuestión de coraje o será una carencia del sentido holístico de mi complejo cabeza-corazón. Anda a saber…Comprender el “todo” o mirar el “hoy” muchas veces van en sentido opuesto de una calle, que lamentablemente para mí en este momento no está flechada.
Si bien es una imagen común del imaginario popular el bolichito en la playa como sinónimo del vivir bien, a mi me preocupa otra cosa. Muchas veces ese exceso de autocritica me hace pensar que no siempre voy a poder seguir sin falta de motivación, sin pasión por lo que se hace. Admiro a aquel obsesionado con su destino o aquel (aún más valiente) que tiene el espíritu (por no decir los huevos) de respetar al anormal que todo llevamos dentro y no medir tanto las consecuencias de seguir sus locuras.
En fin…catarsis es lo que estaba buscando y en parte creo que la en conté. Eso sí, soluciones creo que nunca voy a encontrar, o por lo menos no por ahora. Seguiré firme en el sendero del “menos malo”, cumpliendo exigencias idiotas y mirando con la ñata contra el vidrio a aquellos que cumplen sus locuras.
A esos, salú!

